domingo, 19 de agosto de 2012


         DEL LIBRO DE MEMORIAS DE ALICE BERGSTROM
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Cuantas veces he pensado que aquellos viejos tiempos, locos tiempos en Sunset Park fueron los mas importantes de nuestras vidas.
Me encontraba en el hospital, sedada, recién salida de la UCI, todavía sin ser enteramente consciente, cuando me visitó Ellen y me explicó la situación de los demás, Bing detenido y Miles (el pobre Miles) en busca y captura. Pero antes de que saliera del hospital antes de que mis padres pudieran recibir un tremendo mazazo a cargo de su querida Alice, su preferida, la niña estudiosa de la casa, antes de que todas nuestras vidas se vieran realmente zarandeadas por el brusco desalojo, nuestros problemas con la justicia iban a solucionarse. El señor Morris se dejó la pasta que no tenía en contratar al mejor bufete de abogados de Nueva York, maniobrando velozmente con una lucidez admirable. La policía, al ver como la corriente cambiaba de dirección, al constatar que no habían desalojado a cuatro pelagatos, al enfrentarse a una acusación de intento de homicidio y brutalidad policial por parte de uno de los abogados de más prestigio de la Unión, al sentir en la nuca el aliento de la prensa, al convertirse, en definitiva, de verdugo en ajusticiado, cambió de estrategia. Todavía idiotizada por la conmoción cerebral recibí la visita, meliflua y edulcorada, de dos agentes del orden, que, entre condolencias y excusas me ofrecieron sacar a Bing de inmediato de comisaría y retirar los cargos contra Miles, a cambio de que yo olvidara el incidente. Como no tengo un pelo de tonta primero hable con Ellen y luego con don Morris Heller los cuales me ratificaron los hechos y me suplicaron que accediera a los ruegos de los agentes, lo que hice de buen grado.
Y ahí acabo nuestras vidas en común y nuestra historia de Sunset Park.
¿Qué fue de nosotros después?
El pobre Miles me contaba que vivió los peores momentos de su vida. Súbitamente volvieron los fantasmas del pasado y se apoderaron de su mente. Su padre pensó, al verlo, que se encontraba ante un muerto viviente, pero lejos de abatirse actuó en la eficaz forma que he descrito y que le iba a hacer sentirse orgulloso de por vida. Además se encargó de hablar de inmediato con Pilar que se personó en nuestra ciudad tan pronto como pudo. El encanto que ejercía esa chica sobre Miles era más poderoso que la fuerza a la que le sometían los demonios del pasado, y su efecto hizo que Miles volviera a la superficie con prontitud, mas seguro de su amor y mas fuerte.
Su padre vivió poco tiempo, apenas un lustro. Su salud no sobrevivió al desastre de su editorial y los problemas mentales de su mujer  (la puntilla fué que  Willa lo abandonó en el momento más precario de sus días para iniciar una nueva relación ). Murió con la sensación de no haber podido evitar el naufragio aunque siempre tuvo el consuelo de haber ganado al hijo que tanto quiso.
Miles esperó pacientemente a que Pilar acabará sus estudios para casarse con ella. Por esas fechas moría su padre y heredaba un negocio en ruina. Antes de morir Morris le prometió que se haría cargo de la editorial. Y sobre su tumba se dijo a si mismo que reflotar la empresa sería el mejor homenaje que podría hacerle a su padre. Con un nuevo nombre la editorial pasó a convertirse en un referente de la venta on line, primero, luego de novedosas prácticas en  el mundo de la venta por la red que iban a revolucionar al mundo de la industria del libro y audiovisual. Miles siempre dijo que el solo entendía de libros y que era su mujer la que entendía de negocios… y sus amigos sabemos que era verdad.
Fue una pena que dos personas que tanto se querían, más de lo que he visto quererse a nadie, acabaran tan trágicamente sus días. A pesar de no tener hijos fue la pareja más feliz que he conocido. Pero Pilar, con tan solo 40 años fue diagnosticada de cáncer de páncreas. Ni los mejores doctores, ni todos los millones de dólares gastados, ni todo el cariño, el inmenso cariño de Miles pudieron evitar que muriera en apenas dos años de calvario… y ese fue el fin de Miles Heller. Sin esperanza, viviendo en un presente sombrío y sin deseos, malvivió mas de veinte largos años hasta que partió a encontrarse con su esposa amada. El negocio se hundió sin que a Miles le importará lo más mínimo. Muchos de sus trabajadores y socios no se lo han perdonado, yo si lo hice, y le quiero y él sabe que habría hecho por él lo que fuera.

En cuanto a Bing su historia no deja de ser curiosa y peculiar. Su indefinición sexual continúo durante varios años en los que anduvo dando tumbos cada vez más desnortado.Fue toda una sorpresa cuando lo encontré, pasado cierto tiempo, y me presentó a su novia, Miss Lily, una tailandesa poseedora de una cautivadora belleza, a pesar de su madurez. Bing me comentó que estaba muy enamorado, que pensaba casarse con aquella oriental… y que miss Lily era un conocido travesti que había ascendido de un oscuro pasado en el oficio mas antiguo del mundo a cantante de prestigiosos night clubs.

Pensé que el chico estaba irremediablemente perdido…. y  me equivoqué completamente. Bing se convirtió en un esposo amantísimo .Cuantas mujeres despreciaron al que las podía haber hecho felices;  Miss Lily, en cambio, supo elegir al hombre de su vida. Miss Lily, además, demostró tener una gran cabeza para los negocios y, con el dinero ganado en el mundo del espectáculo puso una tienda de lencería femenina que les ha suministrado pingues ganancias… y siempre ha sido fiel a su Bing, del  que está, todavía hoy, profundamente enamorada.

En cuanto a Ellen poco que decir. Tras un noviazgo más corto que largo contrajo matrimonio con su querido Benjamin. Han tenido tres hijos, dos niños y una niña. Los dos varones son buenos chicos, aunque fueron malos estudiantes y viven modestamente, la chica, concebida mucho después, es inestable y les ha dado más problemas, aunque tras acabar la carrera de Bellas Artes y tener un hijo de padre desconocido parece que ha sentado la cabeza. Casualmente vi  a Ellen hace poco, convertida en una abuela  algo anodina, plácida y (quien lo habría dicho) bastante rechoncha.

Y en cuanto a la cuarta de Sunset Park, mi pobre persona… fui de fracaso en fracaso sentimental hasta que, cumplidos los cuarenta, quede completamente desengañada y sin ganas de entablar ninguna relación de pareja. Sin embargo creo que he sido feliz. Mi trabajo de ejecutiva en la empresa de Miles y Pilar me dio muchas satisfacciones y, tras el hundimiento de Miles, pude reflotar mi profesión en otras empresas del sector. Hace tiempo que, sin embargo, decidí que ya había ganado suficiente dinero y acepte trabajar, por mucho menos, como directiva de la organización PEN.

Pero lo que mayores satisfacciones me ha dado ha sido mi querida niña. Hace mucho, mucho tiempo que, apenas recién casados Miles y Pilar, recibieron la visita de los servicios sociales. Una hermana de Pilar, Angela, estaba a punto de morir de cirrosis hepática, tras unos años de politoxicomanía. Dejaba una niña de dos añitos, Wendy Denissa. Miles y Angela decidieron hacerse cargo de la pequeña, pero, bien sea porque andaban en esa época inmersos en grandes proyectos, bien sea por el odio que había acumulado contra Ángela, bien fuera por lo que fuese, a Pilar la idea de una maternidad impuesta no acaba de seducirle… y a mi me encantan los niños, y esa pequeña, algo indefensa y debilucha, con esa mirada despierta me hacía despertar mis instintos maternales…así que fui yo quien adopto a la chiquilla. Y Wendy se ha convertido en una mujer inteligente, guapa y, sobre todo buena. Ha sido  y es la persona mas importante de mi vida, mi hija, luego mi amiga y hoy el apoyo de mi cuerpo cansado.. La chica ha tenido suerte, suerte en su trabajo pero, sobre todo, suerte de que su madre la quisiera más que nadie, suerte de sus tías, especialmente Pilar, con la que mantuvo una muy buena y estrecha relación, suerte con su marido y suerte con sus hijos: mis nietos, una niña y un niño, son las personas más maravillosas del mundo y mis joyas más preciadas. Algún día contaré en profundidad mi vida, tengo pendiente un libro de memorias. Pero esa será otra historia.